viernes, 1 de julio de 2011

Te lo cuento...

Llegaba la odiada hora de ir a dormir, por que los demás, los mayores podían quedarse en la sala charlando, mientras que yo me tenía que ir a la cama por el hecho de ser pequeña.
Pero también era cierto que los demás no disfrutarían de la compañía y que me arropase de mamá, ni del cuento, casi siempre el mismo, que me iba a contar.
Lo cierto que una cosa compensaba la otra, el cuento sólo era para mí.
Tardé algunos años, en saber como acababa aquel cuento, donde mama cabra protegía del odioso lobo a sus cabritillos, pues mis párpados cedían poco a poco al sueño en el que me sumía, escuchando la dulce voz de mi madre.
Con el tiempo... Caperucita por confiada, Hansel y Gretel por desobedientes, Cenicienta por huérfana, los Cabritillos por confiados, desobedientes y curiosos... y así todos los cuentos, desencadenaban un sentimiento de culpa en mí, porque yo sería la protagonista de cada uno de aquellos cuentos.
Hoy quiero escribir el cuento que nunca me contaron y que posiblemente me hubiera gustado escuchar.
-Que... Caperucita hubiese encontrado a un lobo bueno, que le contara como era la vida de un animal como él en el bosque, que no tuviera miedo de los cazadores, por que éstos solo cazaban para comer, y ¡claro! no comían lobos.
-Que... Hansel y Gretel no fueran víctimas de una bruja mala, por que esa misma bruja hacía caramelos para los niños que se adentraban en el bosque a visitarla.
-Que... Cenicienta no fuera la causa de la envidia de sus hermanas, por que ser hermosa no solo es una cuestión física.
-Que... Los cabritillos, curiosos cabritillos...
Todas esas pequeñas historias, no, no eran cuentos, eran la realidad de ir creciendo.
El cuento sería haber escuchado las historias como a mí me hubiera gustado escucharlas. Pero... terminaba pronto el cuento si en él no se mezclaba grandes dosis de realidad. Y que me dices de Pepito Grillo... ser la conciencia de alguien.

El lobo, que era un simple sin dudarlo.
¿Por qué? Veamos...
Complicarse la vida, arriesgándose a que un maldito cazador le pegue dos tiros y engañando a Caperucita, que por cierto era de hortera la niña, ¿o es que ya conocía la moda de Ágatha Ruiz de la Prada?
Decía... engañar a Caperucita, para comerse a la abuelita, cuando la nena era más tierna que ésta, o es que en realidad lo que perseguía el lobo era la pensión de la abuelita, cosa que también tiene su gracia. Casarse en Argentina bajo la mirada atenta de los paparazzi y vender la exclusiva. Hacer un pacto con la silicona que hay debajo del cuerpo de la abuelita y esperar a ser heredero universal, sin que los herederos legales de la abuela dejen de dar por saco a la hora de recoger su legado.
O... ¿es que Caperucita no había oído cantar el tralará-larita, barro mí casita, de la ratita presumida, donde le pedía al gato, qué le haría por la noche y éste contesta que dormir y callar?
¿No se da cuenta que el gato o mentía, o era marica de narices? Y... ¿cómo llevarle a la abuelita una tarrina de miel y un pastel? Si la pobre tiene azúcar en la sangre y los triglicéridos esos por las nubes.
¿Es que no conoce la madre de caperucita la dieta mediterránea?
Otra que tal baila. Dejar a una inocente niña que se pasee por el bosque vestida de lagarterana, expuesta a toda clase de peligros, alimañas y escorpiones como puños.
Ni que decir tiene el asunto de la Cenicienta. Grave. Eso es grave. ¿Dónde estaba? esa bendita y algo despistada del hada, cuando a la niña, algo pija que todo hay que decirlo, era maltrataba por su madrastra y las hijas de ésta, dos cardos borriqueros, que todo es posible, pero. Que casualidad ¿no?
Esa hada- madrina, que para arreglar el entuerto, no se le ocurre más que hacerle un carruaje a base de hortalizas y bichos repugnantes, unas ratazas de alcantarilla que ni te cuento.
Total que lo del zapato... lo del zapato de cristal tiene miga.
¿Que pasa? ¿Que la princesa y solo ella usaba aquel ridículo numero de zapato?
!!Que no les huelen los pies a las princesas, ¡vamos!
Porque maleducadas si que eran. La del garbanzo debajo de los siete colchones, precisamente sencilla no era. Maleducada como ella sola. Porque a nadie se le ocurre, encima que le ponen siete colchones decir que ha notado un garbancito. ¿Qué no notaría después en caso de desposarse con todo un príncipe...?
En resumen. Los cuentos de niños, son fantasías fantásticas, porque los niños tragan lo que les echen...
Lo difícil es contar cuentos a mayores que ya sabemos de qué va el percal. Así que... Colorín colorado, este cuento para mayores se ha acabado.

Maika Octubre del 2002

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