Notaba la lengua, negra de sabor y me imaginaba que de color también.
Hacia dos largas horas que mascaba la terminación de un lápiz, que debía ser interminable, lamentando que su desgaste no fuera por su parte lógica de desgaste, en definitiva, no tenia nada que escribir las musas me habían abandonado.
Al igual que aquella mujer que siendo mi primera experiencia sexual me dijo.
- ¡Chaval! se aprende, acabaras controlando, son diez mil.
Todos mis ahorros, por un polvo que en realidad me lo hice solo.
Al verla desnuda hizo que el morbo, las ansias, el deseo traicionara mis fantasías en esa soñada situación.Y ahora me pasaba igual, tenía que escribir, tenía que entregarlo en unas horas... y solo se me ocurría mordisquear el lapicero que inquieto moviéndose entre los dedos, no daba para más que para aparentar ser pariente cercano de un chupa-chups.
Y pensando que la culpa era de las musas, aquí me siento, solo, lamentando entre tanta lamentación, que las musas siempre ellas y solo ellas, abandonándome.
Nunca he tenido tiempo suficiente para dejar a una mujer, mi parte femenina es patente, las entiendo, las deseo y las comparto, y esa parte creo que es la que hace que ellas me abandonen.
Con el paso del tiempo, el acoso de las canas y la experiencia "dando por culo". Surge la necesidad de encontrarla, de apreciar que se siente hablando de los que me gusta, de la música que no sé interpretar como quisiera, de los libros que leo, aun más de los que me gustaría leer juntos, de las cenas que añoro, compartir el batir de un huevo en la cocina para hacer melosa la tortilla y he de compartir mis habilidades culinarias comentándoselo a un tomate.
La busco desesperadamente y no llega, ni con el deseo,
La Musa.
-Chasco los dedos y el sonido del chasquido (un párrafo más).
Setenta y dos líneas a dos columnas, justo el trabajo que me dará de comer hoy, por decirlo de alguna manera.
Maika 14/ Junio /2003
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